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Profesor de econometría en la Universidad Complutense. Bloguero y tecnófilo.

domingo, 23 de octubre de 2011

El funcionario-arbitrista (II): más ideas para la esperanza

Hace unos días publiqué un post que inauguró mi participación en el concurso de ideas convocado informalmente por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, al anunciar en rueda de prensa su intención "... de enviar una carta a los 164.000 funcionarios de la Comunidad ... pidiéndoles ideas para ver de dónde se puede ahorrar dinero público." Desde entonces he dedicado algunos ratos a discurrir qué más podemos sugerir a nuestros gobernantes para reducir gastos cumpliendo las reglas que me impongo: no proponer cosas que supongan pérdidas directas de empleo o que deterioren la calidad de los servicios públicos.

En estas cosas cavilaba, tomando una copa en una terraza de mi querido barrio de Chamberí, cuando la inspiración llegó en forma de una conversación entre dos rotundas amas de casa, que estaban soplándose sendos gin tonics en la mesa de al lado. Oí cómo una le decía a la otra: "... ¡Chica! con esto de la crisis me ha dado por mirar más los precios de lo que compro y ... ¡no veas el dinero que me ahorro!" La frase no es que sea como para legarla a la posteridad, pero me hizo pensar en la cantidad de cosas que compra el sector público y en los procedimientos que utiliza para ello, que conozco y sufro en mi calidad de probo funcionario. En ese momento decidí dedicar el post de hoy a discurrir cómo afinar estos sistemas de compra y pago para ahorrar algo de dinero sin provocar derramamientos de sangre, sudor o lágrimas.

En esta línea les propongo dos ideas sencillas. La primera: los procedimientos de compra de la Administración no están pensados para comprar al mejor precio, sino para que los intervinientes pongan de manifiesto que no roban ni prevarican. La segunda: los correspondientes procesos de pago están diseñados para pagar tarde y mal, no para mejorar la posición negociadora de quien compra.

Empecemos hablando de los procedimientos de compra de la Administración. En los veintiséis años que llevo en la Universidad española, algunos de ellos con responsabilidades de gestión, he visto de todo en este tema.

Recuerdo que en los primeros años de mi carrera  - les hablo de la segunda mitad de los 80 -  comprar un PC era una gran inversión. Un ordenador de sobremesa potente podía costarte unos 3.000-6.000 euros sin ajustar por inflación. Con las correcciones correspondientes, el valor actualizado de estos equipos se duplicaría más o menos. Para comprar PCs con cargo al presupuesto de la Uni, si es que lo había, tenías que aportar tres ofertas competitivas de equipos comparables y proponer la adquisición de la más barata, salvo que tuvieras el perverso deseo de escribir una memoria justificando detalladamente el motivo por el que preferías el equipo que no era más barato ... ¡En fin! un aparente horror. Si califico el "horror" de aparente es porque, a poco espabilado que fueras, te enterabas de que había unos "proveedores habituales" que te proporcionaban directamente las tres ofertas y te suministraban el equipo, un poco más caro, eso sí, que el mejor precio que hubieras podido conseguir. En definitiva: el pesado e ineficaz proceso de control te llevaba a cerrar la operación con un proveedor astuto y poco competitivo que no necesitaba sobornarte ni nada!!

Historias de éstas las hay a patadas y, como somos más de tres millones de funcionarios en este país, no me parece necesario abundar mucho en ellas. Seguro que muchos lectores tienen sus propias anécdotas y les invito, si lo desean, a contarlas en los comentarios. La idea que quiero transmitirles, en definitiva, es que los procesos de compra en la Administración no están orientados a la eficacia, sino a proyectar una imagen de control y transparencia que, en la práctica, dista mucho de ser real.

Pues creo, por tanto, que podría ahorrarse una pastuza reestructurando estos procesos de compra a partir de las ideas que llevan aplicando con éxito las grandes empresas de todo el mundo. Esta rama de la administración de negocios se llama "Gestión de Aprovisionamientos" o Procurement. Está inventada, hay libros escritos sobre este tema y numerosos expertos. He tenido la oportunidad de trabajar ocasionalmente con equipos profesionales de compra para comprar sistemas de software o contratar consultoría y ello me ha permitido comprobar que una negociación bien orientada permite ahorrar bastante dinero. Si el volumen de compras al que se aplican estas técnicas es importante, los ahorros pueden ser espectaculares.

Como en casi todas las actividades humanas, la tecnología juega un papel importantea la hora de poner en práctica procesos sistemáticos de aprovisionamiento. Por ejemplo, para gestionar operaciones de importes moderados son útiles los portales B2B, que permiten los compradores comunicar cómodamente sus necesidades a los proveedores acreditados quienes pueden seleccionar, a su vez, los procesos de compra a los que desean concurrir. Cuando las operaciones tienen un calado económico relevante resulta provechoso convocar subastas electrónicas, en las que una serie de proveedores preseleccionados participan en una o varias rondas de pujas en tiempo real.

Por tanto, como decían las amas de casa que me inspiraron, hay que mirar los precios. Pero esto no será suficiente si los nuevos procedimientos de compra no están acompañados por una modernización de los procesos de pago. ¿A qué me refiero? Permítanme que lo explique recurriendo de nuevo a una anécdota real.

Antes de verano estaba ayudando a una secretaria de la Complu a lidiar con el cambio de su viejo y querido ordenador-Windows-XP-que-murió-de-repente por uno nuevo con Windows 7. La chavala mostraba los síntomas de un grave síndrome de abstinencia de XP: vahídos, desorientación, cefalalgia ... Ahí estaba yo, prestándole los primeros auxilios, cuando vi sobre la mesa una factura de 800 eurazos, IVA incluido. "¿No será ésta la factura de tu ordenador nuevo?" le pregunté "Pues sí ... ¿porqué lo preguntas?" Me respondió ella. "Pues lo pregunto porque un ordenador como este (marca "la pava", Core i3, 4 Gb Ram, HD 500 Gb ...) te lo consigo yo por 600 o menos." Ella me respondió: "Es que a estos pobres les pagamos fatal. A veces tardan más de un año en cobrar .... y 200 euros no es tanto dinero ..."

No sé a ustedes. Por mi parte, estoy más que dispuesto a cobrar mi sueldo con un año de retraso si se me compensa, como a este proveedor, con una prima del 30%

Llevo 26 años viendo que la Administración, en general, y mi "empresa" concreta, en particular, utiliza un sistema de pagos impreciso, poco transparente y, si me apuran, deshonesto, para financiar sus compras a plazos absurdos y con un coste financiero implícito disparatado. Esta práctica limita el mercado, ya que ningún proveedor profesional y auténticamente competitivo acepta trabajar de esta forma. Sí les viene bien, en cambio, a vendedores que cuentan con un margen de liquidez y conocen bien los resortes para vender y cobrar a la Administración. Por tanto la segunda "receta" de hoy consiste en pagar con más puntualidad, a cambio de unos precios competitivos.

No soy tan inocente como para creer que los proveedores ofrezcan mejores precios simplemente porque la Administración prometa que será puntual pagando: existe un problema de credibilidad creado por décadas de un comportamiento desordenado en los pagos. La solución consiste en garantizar los pagos utilizando un servicio financiero cuyo nombre es confirming. El confirming consiste en que interponer una entidad financiera entre el proveedor y el comprador. La entidad aporta la garantía de cobrar en los plazos previstos y otras ventajas, como la posibilidad de obtener liquidez inmediata descontando las facturas pendientes.

Cada vez que he comentado esta idea con compañeros de la Universidad me han mirado como si les hablara de ciencia ficción o estuviera loco. Quizá lo esté, pero el confirming no es ingeniería financiera de última generación: hace poco comentaba estas ideas con un grupo de alumnos de Master y uno de ellos no podría creerse que la Complu no pagara de esta forma: "No es posible"  - decía el chaval -  "... si todas las grandes empresas lo hacen." Pues eso: así pagan prácticamente todas las grandes empresas de este país, pero no la inmensa mayoría de nuestra Administración que sigue encallada en el "Vuelva usted mañana".

Pues eso, vuelva usted mañana ... a leer El Blog del Arbitrista y seguiremos discurriendo juntos cómo arreglar el mundo y sus cuitas: me temo que trabajo no nos va a faltar ...

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