Datos personales

Mi foto

Profesor de econometría en la Universidad Complutense. Bloguero y tecnófilo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El funcionario-arbitrista (I): ideas para la esperanza

En las últimas semanas he seguido con interés e inquietud el caliente debate político que ha tenido (y sigue teniendo) lugar en torno a los recortes del gasto educativo en varias comunidades autónomas. Me gustaría escribir sobre este tema, pero encuentro imposible mantener la objetividad necesaria. Soy profesor. Soy hijo, hermano, marido, sobrino, primo y tío de profesores. Y esto sólo puede empeorar: mi hija jugaba a dar clase a las muñecas. Siempre he querido enseñar y, pese al desgaste que sufre cualquier vocación con los años, aún es una de las cosas que más me gustan.

Como la pasión y el arbitrismo eficaz son difícilmente compatibles, he buscado otra forma de meterme de rondón en el tema de fondo. La idea me la dio nuestra presidenta, doña Esperanza Aguirre, cuando en una rueda de prensa anunció que había "tenido la ocurrencia" (sus propias palabras) "... de enviar una carta a los 164.000 funcionarios de la Comunidad, entre ellos a los profesores de secundaria, pidiéndoles que le den ideas para ver de dónde se puede ahorrar dinero público." Como funcionario y arbitrista de pro comprenderán ustedes que no haya podido evitar entrar al trapo. Por ello inicio hoy una serie de posts en donde sugeriré a nuestros gobernantes ideas para reducir gastos, con dos restricciones que me pongo a mí mismo: la puesta en práctica de mis arbitrios no debe deteriorar la calidad de los servicios públicos, ni dar lugar a la pérdida de empleos.

Dado el sesgo pro-tecnológico de este blog, debo empezar preguntándome si merecería la pena abrir un hueco al software libre en nuestra Administración, sea local, autonómica o nacional. No sé cuánto gasta nuestro sector público en licencias de software comercial, pero estoy seguro de que la oferta actual de programas libres permite satisfacer necesidades muy complejas. Para hacernos una idea de la riqueza y profundidad de esta oferta basta con visitar esta página, desde la que la Free Software Foundation divulga un catálogo con miles de referencias. También puede resultar interesante visitar Sourceforge a través de este enlace: se trata de una plataforma colaborativa que proporciona alojamiento y visibilidad a más de 311.000 proyectos de desarrollo.

Para valorar una iniciativa en este sentido, hay que tener en cuenta que puede ser eficaz de dos maneras distintas. En primer lugar, proporcionando sustitutivos gratuitos de buena calidad a programas comerciales con un coste sustancial de licencia y actualización. En segundo lugar, a menudo ocurre que los proveedores de software mejoran la competitividad de sus ofertas cuando ven cerca la posibilidad de que un gran cliente empiece a explorar estas alternativas libres. Sea por un lado o por el otro, creo que por aquí hay algunos ahorros de dinero público.

La segunda idea que hoy les plantearé es una versión revisada y aumentada de la "ocurrencia" que ha motivado este post. Creo que  - como sugirió la Presidenta Aguirre -  nuestros responsables políticos harían bien en abrirse a las ideas que pueda generar la "inteligencia colectiva" en todas las instituciones, organismos y empresas que, o bien forman parte de nuestra Administración, o bien tienen relaciones estrechas con ella. Creo que muchas de las personas que formamos parte de este amplio colectivo vemos oportunidades claras para mejorar la eficiencia en nuestro entorno inmediato. Creo también que muchas de estas ideas no llegan a ponerse en práctica por falta de financiación o, sencillamente, porque no existe una gran iniciativa pública que permita canalizarlas.

Por todo lo anterior me permito proponer la convocatoria de un concurso de proyectos para el ahorro en costes (o la mejora de ingresos, ¿por qué no?) de la Administración Pública.

Este concurso se abriría tanto a empresas privadas como a cualquier institución u organismo de la Administración. Para participar sería necesario presentar un proyecto detallado y cuantificado, con el único requisito de que los beneficios previstos deben superar sustancialmente su presupuesto de ejecución. Los proyectos seleccionados obtendrían un préstamo para ponerlos en práctica y, si los resultados medidos tras la implantación estuvieran en línea con las previsiones del proyecto, se conseguiría la condonación del préstamo y un incentivo económico proporcional al ahorro verificado a posteriori.

Dada la complejidad potencial de las ideas y la necesidad de evaluaciones ex-ante y ex-post de los proyectos, me permito sugerir que convendría contar con empresas consultoras/auditoras de prestigio, que se responsabilicen de las evaluaciones.


Los posts largos corren el riesgo de resultar confusos y aburrir al respetable, por lo que aquí dejo por hoy el tema. Espero dedicar en las próximas semanas algunas entradas a intentar sugerir este tipo de paliativos "incruentos" para una crisis que se prevé larga y dolorosa. Si alguna de estas ideas tiene un efecto positivo en la vida de alguien  - y, muy especialmente, si permiten evitar la destrucción de algunos empleos -  me quedaré más que satisfecho.

Y es que a veces te sientes como una piedra que alguien lanzó al estanque. Al principio volabas cogiendo altura, pero pronto empiezas a caer. Dentro de un rato no quedará rastro, ni del vuelo ni del hundimiento final. En esos momentos te consuela la esperanza de ayudar a alguien con las ondas que provocas golpeando el agua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario