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Profesor de econometría en la Universidad Complutense. Bloguero y tecnófilo.

domingo, 22 de abril de 2012

FAQs sobre la crisis de la deuda (VIII): Creced y multiplicaos, y llenad la tierra...

En el post anterior estuvimos hablando sobre las circunstancias de esta crisis económica y fiscal, tan larga y dolorosa. Aproveché, como quien no quiere la cosa, para deslizar una serie de observaciones que motivarán entradas posteriores.

En uno de estos comentarios mencionaba que la economía debe crecer, como condición necesaria para salir de la crisis. Hoy desarrollaré esta idea con la ayuda de este lector, tan servicial como imaginario, que tiene la cortesía de hacerme las preguntas que quiero responder... ¡ojalá fueran así de complacientes mis queridos alumnos!

Lector.- “Hola, arbitrista.”

Arbitrista.- “Hola de nuevo, estimado lector. Veo que quiere continuar hablando sobre la crisis.”

L.- “Así es. El último día dijiste que la crisis terminará cuando los políticos europeos empiecen a hablar de crecimiento y eficacia en el gasto público, en lugar de austeridad y recortes. ¿Podrías desarrollar esta idea?”

A.- “Con mucho gusto lo haré, ya que usted me lo pide con tanta amabilidad. Empecemos hablando del ratio de déficit público sobre PIB...”
L.- “¡Alto ahí! ¡Sin fórmulas...! Cuando empiezas con las matemáticas no hay quien te pare ni quien te entienda.”

A.- “Niego la mayor y, a veces, también la menor. Pero esta fórmula la necesitamos: es muy sencilla y no voy a usar ninguna otra... ¡palabra de arbitrista!”

L.- “Siendo así, una fórmula le admito.”

A.- “Gracias. He insistido en escribirla porque se trata del número sobre el que todos debaten, el que se considera demasiado alto o demasiado bajo, y también aquél sobre el que nuestra rigurosa Unión Europea define objetivos.

Confieso que me pone de los nervios prestar tanta atención al déficit sobre PIB. Es una medida muy engañosa. En el debate diario se habla de ella como si se tratara de una variable económica...”

L.- “¿Y no es así?”

A.- “Efectivamente. No es una variable, sino tres, muy relacionadas entre sí y que mantienen una contradanza diabólica, de forma que es difícil actuar sobre una sin que las otras dos se muevan.

Imagine usted que se reduce el PIB español, tal como indican casi todas las previsiones. Esto supondrá que bajan los ingresos fiscales, que en su mayoría están ligados al consumo o la renta privada y que suban algunas partidas de gasto: las prestaciones de desempleo, por ejemplo. Si mira usted la fórmula de arriba se dará cuenta de que si se reduce el PIB, disminuyen los ingresos y aumentan los gastos, este cociente se deteriorará de tres formas distintas. Por el contrario, si crece el PIB estas tres componentes se moverán en sentido contrario y el ratio mejorará muy rápidamente.

En resumen, que para salir de ésta conviene empujar el PIB y, si hay que reducir el gasto público, hace falta poner mucho cuidado en cómo hacerlo.

L.- “¿Podrías poner algún ejemplo concreto?”

A.- “Por supuesto. Póngase usted en el caso de que, como consecuencia de algún recorte, un empleado público es despedido.”

L.- “De acuerdo. Eso lo hacen para reducir el gasto público que está restando en el numerador ¿no?”

A.- “Así es. Y ese efecto directo mejorará el ratio. Pero también pasarán otras cosas.

Una de ellas es que, si el empleado tiene derecho a una prestación por desempleo o a jubilarse, reducir el gasto supondrá también aumentar el gasto público, pero en otra partida diferente: aquélla en la que se carga su subsidio o su pensión. Otra consecuencia es que lo que aporta a la seguridad social se reducirá. Otra consecuencia es que su consumo personal previsiblemente disminuirá, reduciendo los ingresos de sus proveedores y la recaudación por IVA, y así sucesivamente...

Por otra parte, la acumulación de casos como éste deteriora las expectativas y el consumo. Quiero decir que si una persona va al paro, esto no cambia mis hábitos de consumo. Pero si miles de personas pierden su empleo todos los días, es lógico que empiece a ser más cuidadoso con el dinero, reduzca el consumo y, por esta vía, contribuya al empeoramiento económico.”

L.- “Entonces... ¿no es bueno ahorrar?”

A.- “Para la actividad económica, no mucho. Especialmente si, como ocurre ahora, la actividad bancaria está atascada y no convierte el ahorro de unos en préstamos para facilitar el consumo y la inversión de otros.”

L.- “¿Y por qué están atascados los bancos?”

A.- “No es difícil explicarlo, pero hace falta más tiempo y espacio que el que hoy nos va quedando... ¿Le importaría mucho si dejamos este tema para otro día?”

L.- “Vale. Me estabas explicando entonces porqué la austeridad es mala para la economía...”

A.- “La auténtica austeridad no es mala. Nadie necesita aeropuertos vacíos o aceras que se renuevan sin necesidad, por poner dos ejemplos que me molestan de manera especial. Si el Gobierno ingresa con austeridad y gasta con eficacia, deja mucho dinero en el bolsillo de los ciudadanos y estos pueden dedicarlo a consumir, ahorrar o invertir directamente.

El problema es que la austeridad de la que tanto se habla actualmente es, realmente, un puro y duro ajuste fiscal mediante recortes excesivamente rápidos y brutales, que dañan la actividad económica. Ojalá estuviésemos podando el árbol, en lugar de talarlo.”

L.- “¿Y cuál es la diferencia entre podar y talar, en economía?”

A.- “Pues a veces es una simple cuestión de tener las ideas correctas y el tiempo necesario para ponerlas en práctica.

Piense por ejemplo en el último ajuste en colegios e institutos. Se atenderán más alumnos por clase para reducir el gasto en sueldos de profesores. Podemos hacerlo de la manera más dura y perjudicial: despidiendo a los profesores interinos y haciendo que los demás trabajen más horas.

También podríamos repartir el empleo existente, como a veces se hace en la industria: en este caso los profesores trabajarían menos horas y ganarían menos dinero, pero nadie pierde su trabajo. De esta forma, el ahorro de gastos sería neto: si nadie se ve obligado a irse a la calle no hay que pagarles el desempleo. Los ingresos por impuestos y el consumo sufrirían, porque la gente gana menos, pero el perjuicio sería mucho menor que en el caso previo.”

L.- “¿Y porqué no se hacen así las cosas?”

A.- “A tiempo estamos... pero hay que reconocer que se trata de medidas difíciles de implantar. Por una parte, quienes ven sus ingresos reducidos protestan, como es lógico. Por otra, atender menos grupos con los mismos profesores requiere una reorganización profunda del trabajo. Dicho esto, creo que merece la pena hacer viables estas "fórmulas blandas." Son más humanas y eficientes que sus alternativas.

Asimismo, sería interesante recurrir a fórmulas de ahorro distintas del despido: prejubilaciones, bajas incentivadas, permisos de conciliación, excedencias más flexibles... En un post previo discutí algunas de estas posibilidades en el contexto de la Universidad.”

L.- “Y, aparte de recortar con cuidado, ¿qué más se puede hacer para mejorar las cosas?”

A.- “Personalmente, me gustaría que nuestros europolíticos dejasen de hablar de la construcción europea y se pusiesen a ello. Concretamente, querría que iniciasen dos grandes programas de reactivación económica en la UE. Uno de ellos centrado en reformas estructurales y competitividad, para abaratar y facilitar la actividad económica, reduciendo trabas jurídicas y costes fiscales de manera armonizada. El segundo se destinaría a invertir en infraestructuras de todo tipo  - energéticas, de transportes y comunicaciones, por ejemplo -  orientadas a vertebrar Europa y a mejorar su competitividad. Para financiarlo, se podrían emitir eurobonos o acudir a préstamos del Banco Central Europeo.”

L.- “Y eso... ¿es posible? ¿No dijo la señora Merkel que no a los eurobonos?”

A.- “La señora Merkel se negó a emitir eurobonos para mutualizar las deudas actuales de los gobiernos europeos mientras no se avanzase en la definición del sistema fiscal europeo. Debo decir que esta postura es bastante razonable.

Lo que yo le comento es distinto en todo caso: se trata de crear y emitir bonos mutualizados para poner en marcha un gran proyecto de construcción europea, transversal a toda la UE y con una finalidad concreta: desarrollar infraestructuras y financiarlas, a medida que se fuesen iniciando. Se trataría de conseguir, en última instancia, que el gran mercado interno europeo fuera más hospitalario para los negocios y más accesible. A corto plazo, supondría un estímulo importante para los países receptores de la infraestructura y las empresas adjudicatarias del proyecto.

No le niego que es difícil llegar a este tipo de grandes acuerdos. Pero es que ser político, de la mejor forma posible, consiste en hacer posibles cosas difíciles. En todo caso, dudo que este cambio de orientación y de lenguaje se pueda ni siquiera plantear hasta que no concluyan los procesos electorales en curso, en Francia y Alemania, por ejemplo. En ese momento quizá se hable algo menos de esta mal llamada "austeridad" y algo más de crecimiento económico.”

L.- “Pues ya me gustaría que así fuese... Me está interesando esta conversación, pero se hace tarde y tengo cosas que hacer. ¿Le importa si seguimos hablando de estas posibilidades en otro momento?”

A.- “Cuando usted guste, estimado lector.”

2 comentarios:

  1. Estimado Miguel,

    Acabamos de leer su artículo en las clase de economía de bachillerato, nos ha venido fenomenal para comprender algunos aspectos sobre la política y el déficit fiscal.

    Gracias
    Saludos

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  2. Estimado Anónimo,
    Muchas gracias por su comentario, que me proporciona una satisfacción muy especial.
    Cordialmente,

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