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Profesor de econometría en la Universidad Complutense. Bloguero y tecnófilo.

viernes, 21 de enero de 2011

Queridos autores: la aldea ya es global

En los años 60 del siglo pasado el pensador canadiense Marshall McLuhan ideó el término aldea global, para referirse a las interrelaciones humanas que permiten los medios de comunicación. Partiendo de esta idea, hoy me toca hablar de cómo la "aldea internet" elimina del mercado cultural y de ocio una imperfección que los economistas llamamos "monopolio espacial" y por qué esto conducirá inevitablemente a su reestructuración.

Hace más años de los que me gusta contar, el Arbitrista estaba dormitando en una clase de teoría económica. El tema de fondo eran los fallos de mercado: unas imperfecciones estructurales que impedían a los mercados funcionar tan bien como deberían. El tema me aburría, en parte porque la señora que lo explicaba era desordenada y policonfusa, en parte porque la lista de "fallos" parecía más larga que la de "aciertos": al final del día, casi todo hacía "fallar" al mercado.

En esas estaba cuando a la profesora le dio un ataque de lucidez y explicó con elocuencia un concepto que me pareció útil y llamativo: se trataba del monopolio espacial.

"Imagínense ustedes una playa de dos kilómetros, orientada de norte a sur. En el extremo norte tiene su puesto un vendedor de helados. En el extremo sur hay otro puesto. Los dos venden productos de la misma calidad, al mismo precio. Lógicamente, si una persona está sentada a 100 metros del extremo norte, comprará su helado en el puesto norte ¿no? Pues entonces, díganme ustedes en dónde estará alguien a quien le dé igual ir al puesto norte o al puesto sur."

Como suele ocurrir en esos casos, se hizo un tenso y espeso silencio en el aula. Algunos alumnos bajaron la mirada hacia los apuntes. Otros miraron al cielo, procurando escenificar una intensa concentración. Un pringado no supo evitar el contacto visual con la profesora, viéndose obligado a contestar: "Equidistante entre el norte y el sur, profesora." "¡Muy bien!" dijo ella manteniendo la mirada del pringado. "¿Y qué pasará si el vendedor del norte aumenta ligeramente el precio de su producto?" Por lo visto la profesora no era la única que estaba sembrada aquél día, pues el alumno respondió: "Que los más tacaños de la mitad norte empezarán a comprar en el puesto del sur." "¡Efectivamente!" Dijo la profesora "¡Pero el mercado norte no se vaciará porque, debido a la distancia, el vendedor de los helados caros disfruta de un cierto grado de monopolio espacial!"

¿Y qué tiene esto que ver con los contenidos culturales? Pues pensemos en películas, por ejemplo. En los años 30, si alguien quería ver una película sólo podía verla en el cine, siempre que la estuvieran proyectando en su ciudad. Posteriormente se inventaron la televisión, las cintas de vídeo, los DVD ... Cada vez era más fácil ver la película, pero siempre había una limitación espacial: acudíamos a cines, cadenas de televisión y tiendas locales. Existía un monopolio espacial y, de forma natural, comprabas el helado en el puesto más cercano.

Pero aparece internet: una herramienta de comunicación que nos permite acceder al mundo desde nuestro "cuarto de estar global". ¿Y qué pasa? Pues que cuesta el mismo esfuerzo comprar helados en el puesto del norte o del sur de la playa: podemos acceder a películas, canciones o libros producidos en cualquier parte del planeta. En términos económicos, la oferta a que podemos acceder aumenta de forma repentina y brutal, por lo que la Teoría Económica predice que: (a) el precio de los contenidos debería bajar y (b) surgirá de la nada Teddy Bautista ...

Han pasado los años y ahora soy yo quien adiestra a los alumnos en el arte de dormir con los ojos abiertos. La lección de mi antigua profesora me ha sido finalmente útil para argumentar que la reducción de ingresos que notan nuestros artistas no sólo se debe a las descargas ilegales  - que las hay -  sino también a que ahora elegimos libremente los contenidos en un mercado muy amplio. En el caso concreto de la música y el cine, sospecho que la reducción de ingresos de muchos artistas españoles se debe más a esta competencia global que a la piratería.

Mirando más allá de los vaivenes del debate actual, creo que el futuro pinta un doble panorama: negro para los adictos a subvenciones y cánones, y lleno de oportunidad para los creadores que sepan asombrar a la aldea global.

4 comentarios:

  1. Excelente siempre sus articulos miguel:
    los sigo por su objetividad.
    saludos miguel.

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  2. Hola FOSS. Es usted tan amable y generoso como siempre. Un saludo

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  3. También yo le tengo que mostrar mi gratitud cortesmente,pués he salido ganando leyendole.Muchas gracias.

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  4. La bloguería le aporta a uno dos sensaciones estupendas: el alivio que se siente al pulsar el botón de "publicar" para parir un post y el placer de hablar con los lectores

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