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Profesor de econometría en la Universidad Complutense. Bloguero y tecnófilo.

domingo, 26 de febrero de 2012

Economía real e innovación

Hoy vuelve a estar con nosotros mi Arbitrista Consorte, sin derecho a roce, Elías Ramos.

Resulta que la aventurilla que les he estado contando  - publicar un libro y ponerlo a la venta en todo el mundo mundial -  le ha inspirado algunas reflexiones acerca de cómo la tecnología pone en nuestras manos los medios para innovar. Quedarse con una idea en la cabeza no es buena cosa, ni para la idea, ni para la cabeza, así que le he invitado una vez más a que la cuente en El Blog del Arbitrista.

Sin más ni más, les dejo con Elías:

No piensen ustedes, tras leer el título de esta entrada, que voy a entrar en uno de esos temas que tanta curiosidad despierta en los medios de comunicación y en buena parte de la opinión pública. Hoy quiero hablar de un tema sencillo y, a la vez, muy difícil: la economía real, esa que produce y no la que nos arruina con tanta “ingeniería financiera.”

La idea me la han dado los últimos escritos del profesor Jerez: Me ha gustado que me enseñen a publicar un libro y ponerlo al alcance de todo el mundo en menos que canta un gallo, aprovechando la tecnología existente. El tema tiene más profundidad de lo que a primera vista parece, porque si queremos hablar de economía real tenemos que tener en cuenta el aprendizaje en nuevas materias. A eso, la mayoría le llaman innovación y en demasiadas ocasiones la disfrazan de grandes proyectos y lenguajes crípticos. Ya veremos que no es así.

Algunos pensadores, como Umberto Eco y Alain Minc, por citar dos nombres habituales en librerías de mucho tránsito, abundan en la idea de que el período en el que vivimos se parece a la Edad Media. Entre otras cosas por lo difícil que es acceder al saber debido, curiosamente, a las facilidades que hay para ello, por el grandioso volumen de información que hay a nuestro alcance y por el escaso uso que hacemos de las posibilidades que otorgan las nuevas tecnologías.

El retraso de España en estas materias viene de lejos. Es un viejo vicio. Ya lo contaba don Miguel   - me refiero a Cervantes -  hace la friolera de cuatrocientos y pico de años, allá por los albores del siglo XVII, precisamente cuando el arbitrismo estaba en su apogeo fruto de la inoperancia del Estado frente a sus problemas. Somos asiduos de ese síndrome que llamo “de la mujer de Lot.” A fuerza de mirar hacia atrás nos encontramos muchas estatuas de sal y así nos va.

La economía real de hoy y del futuro a corto, medio y largo plazo vendrá dada por nuestra capacidad para usar las nuevas tecnologías y sus impresionantes posibilidades. Tan es así que a muchos nos sería imposible pensar que un libro, como éste que hemos publicado en Amazon, pudiera editarse de una forma tan rápida y sencilla.

Hace unos días entrevisté a Javier Muruzábal, consejero delegado de Lingotes Especiales, para la revista CONSEJEROS. Creo que Javier representa muy bien lo que yo llamo la economía real. Su discurso es sencillo: ¿Reforma laboral? “Ya nos hemos arreglado.” ¿Innovación? “No estaríamos aquí si desde el primer día no hubiéramos desarrollado nuevos productos.” ¿Cómo ve el futuro? “Bien. Este año exportaremos entre el 75 y el 80 por ciento de nuestra producción.” ¿Algún problema? “…como el precio de la electricidad ha subido y ese capítulo supone el 14 por ciento de nuestros costes  - que no podemos cargar a los clientes porque tenemos que seguir siendo competitivos -  calentamos el metal por plasma, un sistema creado por españoles que vendieron la patente a una empresa francesa. Somos los primeros en el mundo que lo hemos utilizado.”

En resumen: a los problemas, soluciones. Tanto hablar de grandes problemas y resulta que una gran pequeña empresa  - y muchas más -  han resuelto ya las dificultades que nos atormentan a nivel general. Creo que, frente a tanta tinta gastada, hay algunos que trabajan en la dirección correcta, sencilla y de éxito. Esto es lo que no se cuenta en los medios, que a veces se centran más en los problemas que en las soluciones.

Me confieso un apasionado de la tecnología, a pesar de mis escasos conocimientos y capacidades para utilizarlas. Quizá por ello me encantan estos ejemplos de la gente que hace años se dio cuenta que tienes que aliarte con ella para mantenerte, crecer, prosperar e inventar. Todo para innovar y acercar el futuro.

El caso de Javier Muruzábal es un buen ejemplo pero hay más, muchos más. Grandes y pequeñas innovaciones, que nos ayudan a rentabilizar recursos, tanto materiales como inmateriales. De ahí la importancia de la formación como nos ha demostrado el Arbitrista autor de este blog que invado de vez en cuando y a quien doy las gracias por acoger mis modestas colaboraciones en el libro que acaba de publicar. Decía mi abuela que “ser agradecidos es de bien nacidos.”

Y con esta frase de mi abuela, me despido por hoy de ustedes.


Esto es lo que Elías quería contarles. Coincido con él en que el ejemplo de Javier Muruzábal es inspirador. Coincido también en que no es único; ni siquiera es escaso. Mis propias aventuras en la empresa privada me han permitido conocer a personas como César, José María, Carina o Jaime   - ellos sabrán reconocerse -  que afrontan día a día la responsabilidad de inventar soluciones para los problemas que crea sin cesar un entorno muy duro. Su creatividad constante y el compromiso que demuestran con clientes, colaboradores y accionistas son dignos de admiración.

Pues eso… ¡que toca innovar!

2 comentarios:

  1. Estimado señor Ferreiro: Le agradezco su calificación. El artículo es un homenaje a los sencillos empresarios y ejecutivos que andan por el territorio nacional pisando por la realidad que es como el terreno, unas vez sube y otras baja, en contraposición a los que, sin tener alas, vuelan con unas prestadas. Parecen águilas, pero solo hasta que las tienen que devolver. Muchas gracias.

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